Preparado por:
Francia Balboa Arredondo
Miguel Villalobos.
Las escuelas normales o normalistas, tenían como función el “formar” a los nuevos educadores, quienes enseñaban más por experiencia que por conocimientos. Para incorporarse a estas escuelas se seleccionaban los mejores alumnos de los diversos establecimientos de enseñanza secundaria (el equivalente al ciclo que va desde el 6º básico al 4º medio).
Los Profesores normalistas, tenían a nuestro parecer un excelente perfil, porque primero sólo quedaban los mejores, además de eso ellos aprendían por experiencia, es decir, ellos enseñaban repitiendo las lecciones y estilos utilizados por sus propios maestros, era una suerte de legado muy bien guardado.
Pero, el desarrollo del conocimiento pedagógico hace, a nivel de gobierno, se planteé la necesidad de una verdadera formación para los Profesores, que ya no podía ser sólo a base de experiencias. En concordancia, con las experiencias de otros países, se establece la necesidad de crear un Pedagógico, centro dedicado a la formación de los especialistas en educación, para tal efecto se busca ayudar y asesoría de expertos extranjeros, como españoles, franceses y alemanes.
Si bien, en el congreso, en especial en la cámara baja, existieron voces disidentes con esta nueva iniciativa, haciendo fuertes declaraciones tales como “que sólo se hacia por copiar a otros países ideas ajenas a la realidad cultural de nuestro país”; aun así se logro hacer el Instituto Pedagógico.
Esta iniciativa, no estuvo exenta de problemas, como fue el no reconocer a los Profesores normalistas como Docentes, por no existir el titulo que avalara su formación, una declaración ante este desconocimiento provino de una de las más conocidas normalistas de nuestro país fue, ella planteó: “como un papel le va a ganar a años de experiencia, en educar, como se olvidaran de todo nuestro trabajo con todo el sacrifico y el cariño que éste se ha hecho”, con estas palabra Gabriela Mistral resumió su molestia ante el no reconocimiento de la labor que desarrollaban los Profesores Normalistas.
Aunque ella reconoce que en un principio lo hizo por dinero, pues necesitaba dinero para vivir, por poco que fuera. Después se enamoró de su profesión, de los niños a tal punto que nunca pudo dejar de hacer lo que más le gustaba: enseñar, estar con niños y escribir.
Con esta pequeña reseña, sobre los normalistas, nos gustaría invitarlos a responder, ¿cuánto ha cambiado la educación en nuestro país?, ¿es posible afirmar que aun el primer modelo metodológico lo entregan los propios docentes en la formación inicial?, ¿la vocación que mostraban los profesores normalistas es una utopía que no se volverá a generar?
